jueves, 13 de julio de 2017

El cromosoma 2 en el ser humano, prueba de la evolución.


Todos los miembros de Hominidae, salvo los humanos, tienen 24 cromosomas. Los humanos tenemos sólo 23 cromosomas.


El cromosoma 2 humano es el resultado de la fusión de dos antiguos cromosomas.


Esto se basa en:
La correspondencia del cromosoma 2 con dos cromosomas simios.


Nuestro pariente más cercano, el bonobo, tiene secuencias de ADN casi idénticas a las del cromosoma humano 2, pero se encuentran en dos cromosomas separados.


Ocurre lo mismo para dos especies más lejanas como el gorila y el orangután.


La presencia del vestigio de estructura de centrómero. Normalmente un cromosoma tienen solo un centrómero, pero en el cromosoma 2 podemos ver restos de un segundo.


La presencia del vestigio de un telómero. Normalmente los encontraremos sólo al final del cromosoma, pero en el cromosoma 2 vemos secuencias teloméricas adicionales en el centro.


El cromosoma 2 es una fuerte evidencia a favor de la ascendencia común de los humanos y otros simios.



https://www.facebook.com/AteosMexicooficial/videos/279865169088539/

jueves, 6 de julio de 2017

LOS ABORÍGENES AUSTRALIANOS, PORTAN UN ADN DE UNA ESPECIE HUMANA, DESCONOCIDA… HASTA EL MOMENTO

LOS ABORÍGENES AUSTRALIANOS, PORTAN UN ADN DE UNA ESPECIE HUMANA, DESCONOCIDA… HASTA EL MOMENTO.

Los científicos han sostenido durante mucho tiempo el consenso de que casi todas las personas en el planeta descienden de los primeros seres humanos que abandonaron África entre 40.000 y 100.000 años atrás.


Todavía hay mucho que los genetistas y otros científicos e investigadores no entienden acerca de este momento crucial en la historia humana, y parece que la investigación en el tema está planteando más preguntas que respuestas.

En el 2016, investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard publicaron los hallazgos de un estudio exhaustivo del genoma humano de todas las áreas del mundo, y descubrieron algo asombroso acerca de la población aborigen australiana.

Ellos parecen tener marcadores genéticos que indican que son descendientes de una forma aún no identificada de ser humano.

“Nuestro objetivo principal es entender cómo nuestra raza llegó al punto en que es hoy, y para eso, primero debemos estudiar el ADN de las tribus antiguas”, explicó MALLICK SWAPAN, que dirigió el estudio y ha estado investigando activamente los orígenes del genoma humano en la mayor parte de su carrera.

Explicó que el nuevo estudio reunió los datos genéticos de 142 poblaciones humanas diferentes dispersas en todo el mundo que estaban infrarrepresentadas en estudios a gran escala hasta ahora.



Según Swapan, la revelación más increíble de este nuevo estudio es que el Código Genético de los Aborígenes Australianos demuestra que portan los marcadores de ADN que indican el antiguo cruzamiento con una rama no identificada de la humanidad.

Aunque inicialmente se sospechaba que los inusuales marcadores de ADN podrían indicar que los antepasados de los aborígenes se entrecruzaron con las esquivas especies antiguas conocidas como Denisovanos, esta hipótesis resultó ser incorrecta.

Después del análisis, los científicos descubrieron que los marcadores de ADN eran distintos de los marcadores Denisovanos, llevándolos a la conclusión de que habían descubierto las huellas de una forma completamente nueva de la antigua especie humana.

Se sabe que los pueblos indígenas de Australia son descendientes de las primeras personas que llegaron al continente desde África hace aproximadamente 50.000 años.

Se ha asumido que los aborígenes fueron aislados del resto del mundo durante miles de años y por lo tanto los científicos asumieron que su código genético sería bastante homogéneo.

Sorprendentemente, esto resultó no ser el caso. “Las firmas genéticas de un aborigen australiano del este de Australia y del occidente de Australia son tan diferentes como las de una persona de Europa y una persona de Asia”, dijo Swapan.

La increíble diversidad en el Código Genético de los Pueblos Nativos de Australia, además del peculiar marcador genético que indica que se Entrecruzaron con una Especie Humana Desconocida en el pasado, indica que todavía hay mucho más que descubrir sobre la historia antigua de la humanidad.


miércoles, 5 de julio de 2017

La pequeña Isla Micronesia, donde la Población Masculina, habla su propio idioma...

La pequeña Isla Micronesia, donde la Población Masculina, habla su propio idioma...

Es curioso, en cierta manera los idiomas son como las civilizaciones que los hablan o incluso como quienes los integran: nacen, crecen, se mezclan y mueren.



Claro que algunos perviven sin desaparecer y en eso se diferencian de cualquier ser animal o vegetal, pero otro  se extinguen indefectiblemente por falta de uso o porque se impone sobre ellos otro más práctico.

Hasta el todopoderoso latín pasó por ello, aunque se podría decir que sobrevive transformado.

En el caso que nos ocupa tendríamos un ciclo completo, un círculo que se cierra, en el sentido de que nació, se extendió, se cruzó con otro y, al final, en lugar de permanecer o desaparecer retornó a su estado original. Voy a contárselo para que lo entiendan.

En 1836 el Imperio Británico daba sus primeros pasos para extender sus tentáculos por todo el planeta cuando un cutter zarpó del puerto de Sidney con destino a la isla Ngatik (actualmente rebautizada SAPWUAHFIK), en el Archipiélago de la Micronesia.

La misión era hacerse con el control del tráfico de carey, el material que se sacaba de las conchas de tortuga marina y que entonces era muy valioso para hacer espejos, peines y otros artículos de lujo.

Pero los nativos se negaron a comerciar y echaron a los recién llegados.

Un año más tarde, el barco regresó a la isla con su capitán, Charles Hart, decidido a lograr por las buenas o las malas su misión, pues esta vez estaba armado hasta los dientes.

Haciendo honor al mote con que se le conocía, Bloody, exterminó a toda la población masculina (medio centenar de hombres), dejando con vida únicamente a mujeres y niños.

Tras la masacre se fundó un Asentamiento Comercial, dejando en Ngatik a algunos marineros al mando del irlandés Patrick Paddy Gorman; unos eran británicos, y otros de Ponapé, que no tardaron en tomar a las viudas locales como esposas.

Hoy, fruto de aquel mestizaje, el lenguaje de la isla es un dialecto ponapeño.

Pero además hay otro idioma paralelo que tiene la insólita característica de ser utilizado exclusivamente por los hombres, de ahí que se lo conozca como NGATIKESE MEN’S LANGUAGE o JERGA NGATIKESA.

Las mujeres y niños lo entienden, pero sólo lo hablan ellos.

Es algo tan raro que fue estudiado por el principal lingüista de esa parte del Pacífico, Darrel Tryon, quien descubrió que su uso se hace sobre todo cuando trabajan en las faenas del mar, las predominantes en una isla minúscula como es lógico: la pesca y la navegación.

Tryon también se percató de ciertas similitudes con algunos dialectos insulares de la región que, a su vez derivaban en parte del inglés.

Pero el ngatikés tenía sus propios giros y vocabulario, únicos, diferentes, seguramente porque Ngatik estaba bastante alejada de las rutas marítimas.

Muchas de esas peculiariedades lingüísticas aún se conservan actualmente.

Constituyen el eco, de las Jergas Marineras Decimonónicas.

Por eso el ngatikés es distinto a otras lenguas como el tok pisin o el bisalma, que se desarrollaron durante un largo período de tiempo de contacto con los argots marineros y tienen muchos términos parecidos entre sí pero alejados de las expresiones de Ngatik.

Curiosamente, el ngatikés emplea giros muy similares a los usados en el dialecto de Nueva Gales del Sur, hoy extinguido, entre 1820 y 1830.

En general el Ngatikese Men’s Language es más ngatikés que inglés y así se aprecia en muchas de sus palabras y estructuras gramaticales, dicen los estudiosos.

Y aquí retomamos lo que decíamos al principio sobre el ciclo vital del idioma: el inglés y sus derivaciones, usadas por los marinos británicos y ponapeños, ha ido decayendo, por lo que la lengua que se habla en la isla tiende a volver paulatinamente al antiguo ngatikés.

O más bien al sapwuahfik, que es el verdadero nombre del idioma original y como tal se recuperó en 1986.

Pero aún quedan restos de esa extraña jerga intrusa, como una huella impresa en la impronta cultural aborigen.

En fin, es una lástima que en ésta historia la referencia sea el inglés, ya que nos podría tocar mucho más de cerca.

No olvidemos que fueron los españoles, los primeros en llegar allí y que en GUAM, que forma parte del Archipiélago Micronesio de las Marianas (ahora dependiente de EEUU), se conservan bastantes muestras de nuestra literatura, fundamentalmente religiosa y musical.


miércoles, 21 de junio de 2017

LA GRAN MENTIRA DE LAS AMAZONAS: LAS ARQUERAS LETALES, QUE ODIABAN A LOS HOMBRES

LA GRAN MENTIRA DE LAS AMAZONAS:
LAS ARQUERAS LETALES, QUE ODIABAN A LOS HOMBRES

La Mitología afirma que estas guerreras se quemaban un pecho para mejorar su puntería, y que únicamente mantenían relaciones sexuales una vez al año. Sin embargo, los historiadores debaten todavía hoy su existencia real.

Aprovechando el estreno de la película «Wonder Woman» (cuya protagonista es una princesa de esta tribu) algunos expertos han afirmado que, en realidad, éstas combatientes, jamás existieron ¿Realidad o leyenda?

Según la mitología (azuzada por historiadores como Heródoto o Plutarco) las amazonas eran un pueblo de mujeres guerreras expertas en el uso del arco y más que diestras a la hora de cabalgar. La leyenda, con todo, ha tenido un doble rasero con ellas. Y es que, afirma también de ellas que se quemaban el seno derecho para que este no les molestara a la hora de apuntar y disparar; que odiaban a los hombres (únicamente mantenían relaciones sexuales con ellos una vez al año para perpetuar su linaje); y que ahogaban en muchos casos a sus vástagos si estos eran varones.

Sin embargo, a día de hoy su existencia se encuentra entre la realidad y la leyenda. Un debate que ha vuelto a reabrirse después de que se haya estrenado en los cines el popular largometraje «Wonder Woman» (la princesa amazona más famosa de los cómics).

La llegada a la gran pantalla de esta película ha sido aprovechada por algunos historiadores como John Man. El también antropólogo ha publicado recientemente una obra en la que -según sus palabras- demuestra que el mito sobre estas combatientes es «una auténtica basura y una verdadera tontería». Al menos, así lo afirmó la semana pasada en una entrevista concedida al diario «Daily Mail».

En palabras de Man, la leyenda de las amazonas fue fabricada por los griegos con el objetivo de «apuntalar su idea de sí mismos». La explicación que aporta el historiador y antropólogo es sencilla: aunque estas «inexistentes» guerreras eran letales, sus atributos más laureados eran los que habitualmente se asociaban al género masculino.

Con todo, otros expertos como el arqueólogo Carlos Alonso del Real fueron más benévolos en vida con dichas guerreras. Este autor español (uno de los grandes estudiosos del tema en nuestro país) no dudó en vida de la historicidad de dichas mujeres y estudió de forma exhaustiva cuál era la realidad y cuál la leyenda sobre ellas. En todo caso, la pregunta sigue viva... ¿Realidad o mito?

EL MITO
Tal y como afirma Liliana Pégolo (del Instituto de Historia Antigua de la Universidad de Buenos Aires) en su dossier «Del mito de las amazonas a las mujeres santas»: «la narración fabulosa de las amazonas entra en la historia cultural griega durante la primera mitad del Siglo VI a.C.». A partir de ese momento se las empieza a definir (según determina el autor José Antonio Solís en su obra «Mujeres de capa y espada») como «un grupo de mujeres guerreras, supuestamente hijas de Ares, siendo su madre en la mayoría de los casos, Harmonia». De esta guisa, aquella tribu tendría la sangre del mismísimo dios de la guerra y de la diosa de la armonía y la concordia.

Con todo, esta es una de las teorías mitológicas que, entre otros, defendió Apolonio de Rodas (Siglo III a.C.). Este autor era partidario de que Harmonia era la amante de Ares, y no su hija (como hasta ese momento se creía). Así lo afirma en el Canto II de las Argonáuticas (su obra más destacada): «Que no eran en vano [las amazonas] de la raza de Ares y la Ninfa Harmonia, aquella que al dios Ares le alumbró unas hijas amantes de las guerras tras haberse acostado con él en la espesura del bosque de Acmón».

Independientemente de los líos de faldas, de las amazonas ya se había hablado anteriormente. Ejemplo de ello es que Homero (Siglo VIII a.C.) las define en la Íliada como una tribu de guerreras «varoniles».


El combate de las amazonas- Rubens

En todo caso, tanto para Solís, como para otros autores como Elsa Felder (quien desvela los pormenores de dichas guerreras en «Vida y pasión de grandes mujeres»), estas letales combatientes se organizaban en un estricto sistema matriarcal en el que la máxima autoridad era la reina. Una gobernante, por cierto, cuya forma de acceder al trono es desconocida a día de hoy. Ya fuera por herencia o por valentía en el combate, esta regente gobernaba una región que (según la mayoría de los historiadores clásicos) era exclusivamente femenina.

Pero, ¿dónde residían estas mujeres tan peculiares? La lista de sus posibles asentamientos es innumerable atendiendo a las fuentes, pero la mayoría de autores coinciden en ubicarlas en los alrededores del Cáucaso.

«Los griegos les atribuían existencia histórica y colocaban su reino, ora en las pendientes del Cáucaso, ora en Tracia, o en la Escitia meridional, en las llanuras de la orilla izquierda del Danubio», destaca la autora en su obra. Apolonio de Rodas, por su parte, sitúa la región en la que vivían las amazonas en la costa de Ponto Euxino (Mar Negro), junto a la desembocadura del río Termodonte (al norte de la actual Turquía): «Más allá de la desembocadura del Termodonte expande sus aguas en un golfo tranquilo a los pies del cabo Temiscirio, tras haber atravesado una amplia llanura. Allí se encuentra la llanura de Deante, y cerca de ella las tres ciudades de las Amazonas».

GUERRERAS A CABALLO
Solís y Felder coinciden en que -según la tradición- las amazonas fueron las primeras en montar a caballo. Y no solo eso, sino que mantenían una relación especialmente buena con los jamelgos y se entrenaban durante horas para ser unas verdaderas maestras en el arte de la equitación.

En palabras del primer autor, de hecho, cabalgaban de una forma tan perfecta que «podían bailar encima del caballo, levantarse cuando iban a galope, saltar de un caballo a otro y saltar sin silla a través del fuego». Tal era su nivel de compenetración con sus monturas, que el nombre de muchas de estas guerreras estaba formado por el prefijo griego «Hipo-» («caballo»). Ejemplo de ello fue -entre otras tantas- la reina Hipólita.


Representación de una amazona (Siglo V a.C.)- Wikimedia

Si su primera virtud era el saber montar a caballo, la segunda era su capacidad para el combate. Ya fuera a pie o en montura (preferían lo segundo) guerreaban utilizando un amplio arsenal de hachas de batalla, espadas y escudos de media luna. Con todo, su arma favorita era el arco.

De hecho, su puntería era extremadamente buena por una razón que explica (entre otros autores) el médico griego Hipócrates, y que replica Felder: «Se aseguraba que a las niñas les cercenaban el seno derecho para que al ejercitarse en el tiro con arco y flecha, en el que eran las amazonas extraordinarias, pudieran sujetar con comodidad dicho arco sobre el pecho». Al parecer, de esta leyenda podría provenir su nombre ya que, en griego, el término «amazoi» significa «sin pecho». Con todo, esta es sólo una de las teorías. Otras afirman que su origen es el vocablo iraní «hamazam» (cuya traducción viene a ser «guerreras»).

SI SU PRIMERA VIRTUD ERA EL SABER MONTAR A CABALLO, LA SEGUNDA ERA SU CAPACIDAD PARA EL COMBATE

Por otro lado, también se afirma que las amazonas fueron de las primeras en usar el hierro; que eran sumamente bellas (Pégolo las define como «mujeres hermosas y sexualmente apetecibles que subliman sus deseos sexuales»); y que se vestían con una túnica muy ceñida y corta que abierta habitualmente a un lado para que sus enemigos viesen su figura. «Su objetivo no era enseñar a los extranjeros que vestían un atuendo fantástico, sino indicarles explícitamente que eran mujeres y estaban guerreando contra hombres» afirma, en este caso, Solís.

En cuanto a su culto, rendían pleitesía a Artemisa (diosa de la caza). Así lo cree y lo deja patente la historiadora Sarah B. Pomeroy en «Diosas, Rameras, Esposas y Esclavas», un libro en el que explica que esta deidad era «una cazadora diestra en el uso del arco» que prefería «emplear su tiempo en la montaña y en los bosques, junto a los animales, lejos de la compañía de hombres y de los dioses».

HOMBRES 'ODIOSOS'
Guerreras letales, geniales arqueras, y excelentes a la hora de cabalgar en batalla. Las amazonas han pasado a la historia por esta retahíla de características. Sin embargo, también se han hecho famosas por su extremo odio hacia los hombres. Su misandría queda reflejada en que -atendiendo a la mayoría de las fuentes- residían en comunidades en las que los hombres tenían prohibido el acceso.

Con todo, y como suele suceder con la mayoría estas leyendas con siglos y siglos de antigüedad, algunos autores también son partidarios de que algunos hombres vivían con ellas. Aunque eso sí, como sirvientes y llevando a cabo únicamente las tareas más bajas de la sociedad.

En todo caso, en lo que sí coinciden una gran parte de los autores es en que las guerreras amazonas solían guardar celibato durante casi toda su vida. Tan solo yacían con hombres una vez al año, cuando visitaban a los varones de las tribus vecinas (la más famosa es la de los Gargarios). Y lo hacían únicamente con el objetivo de perpetuar su tribu.

Es precisamente en este punto donde la historia (verdadera o no) de las amazonas se pone macabra. Y es que, una de las teorías sobre la tribu señala que no tenían piedad si daban a luz a un varón. Así lo afirma el historiador Javier Ocampo López en su obra «Mitos y leyendas latinoamericanas»: «Después de los partos, las amazonas mataban a los varones». Con todo, otra versión afirma que no los asesinaban, sino que únicamente les arrancaban los ojos antes de devolverles con sus padres. La interpretación más amable determina que se limitaban a dejarles salir de sus dominios para que huyeran.


Talestris, reina de las amazonas, visitando a Alejandro Magno- Wikimedia

Esta última es apoyada, por ejemplo, por la catedrática en historia antigua Ana Iriarte Goñi en su libro «De amazonas a ciudadanos», quien es partidaria de que «tras dar a luz a los retoños así concebidos, las amazonas se quedaban con las niñas y entregaban los niños al grupo de padres, quienes los admitían individualmente con la duda razonable de que el niño recibido sea su descendiente».

Con las hembras eran más benévolas. Si daban a luz a una niña la entrenaban en la caza y en el arte de la guerra para que fuera una futura guerrera amazona. Y lo hacían, por cierto, mediante la leche del pecho izquierdo.

En todo caso el valor de las amazonas, así como su odio hacia los hombres, dejó una huella imborrable en la historia. Una marca que quedó patente, por ejemplo, en el discurso fúnebre del orador ático Lisias (Siglo V a.C.): «Existieron en tiempos las Amazonas, hijas de Ares […] Y eran consideradas más bien como varones por su valor que como hembras por su sexo; pues, con respecto a los varones, parecía mayor la superioridad de sus espíritus que la inferioridad de su apariencia. Dominaban muchas razas y tenían de hecho avasallados a sus vecinos».

PENTESILEA Y HIPÓLITA
Al igual que las mismas amazonas, las gestas militares de estas combatientes se debaten entre el mito y la leyenda. Virgilio (Siglo I a.C.) afirma en su «Eneida» que, durante la guerra de Troya, estas mujeres acudieron en ayuda de Príamo para defender la ciudad. En su texto, el poeta explica el combate que mantuvo (presuntamente) la reina de esta tribu, Pentesilea, contra el héroe Aquiles.

«La fogosa Pentesilea conduce las huestes de las amazonas, con sus broqueles en forma de media luna, y brilla por su ardor en medio de la muchedumbre, atando el dorado ceñidor bajo el descubierto pecho, y guerrera virgen, osa competir en denuedo con los hombres. La lucha no fue precisamente bien para nuestra protagonista, pues murió después de que su enemigo le clavara una lanza en el pecho. Se cuenta que, cuando el varón levantó el casco de la guerrera, quedó prendada totalmente de su belleza.

Pero la historia de Pentesilea no fue la única de una destacada amazona. Otra de ellas fue Hipólita. Según narra la mitología (y partiendo de la base de que existen múltiples versiones sobre el devenir de esta mujer atendiendo a las fuentes) la guerrera fue una de las más destacadas de su tribu. Sin embargo, tuvo la mala suerte de toparse con Hércules quien, como parte de sus populares «trabajos», recibió el encargo de robarle a la regente su ceñidor. Una prenda similar a un cinturón de castidad que había recibido del mismísimo Ares.


LA MUERTE DE PENTESILEA
En palabras de Felder (quien se basa, a su vez, en los textos de historiadores y poetas clásicos como Heródoto) Hércules se presentó ante la misma Hipólita dispuesto a arrebatarle el cinturón de castidad. Pero no le hizo falta, pues la misma monarca se lo ofreció voluntariamente junto con su virginidad. «Por desdicha de la pareja, era tradición entre las amazonas que, antes de acostarse con un hombre, lucharan con él para probar si la fortaleza del elegido le hacía digno de gestar sus futuras hijas», determina la autora. Según la mitología, cuando comenzaron el combate, Hera (que los estaba espiando y que odiaba a Hércules) hizo creer a todas las amazonas que el héroe trataba de matar a la mujer.

Atendiendo a la fuente existen hasta cuatro finales diferentes para esta historia. Sin embargo, el más famoso es el que afirma que Hércules hizo uso de su descomunal fuerza para acabar con todas las amazonas. Por desgracia, terminó también con la vida de Hipólita. «Su hermana Antíope fue obligada a rendirse y formó parte del botín de guerra de Hércules, junto con el famoso ceñidor», completa la experta.

Mención destacada requieren también las guerreras definidas por el historiador griego Diodoro de Sicilia (Siglo I a.C.). Este autor dejó explicado en sus textos que existía una raza de amazonas guerreras con unas costumbres similares a las ya mencionadas, pero residentes en África (o las Canarias, atendiendo a las interpretaciones posteriores).

El autor no habla solo de las combatientes, sino que también hace mención a su reina: Mirina. Así lo dejó escrito: «Acometieron grandes empresas, pues les invadía el deseo de atacar muchas partes del mundo habitado [...]. Marcharon primero contra los atlantes. Mirina, que reinaba entre las amazonas, constituyó un ejército de 30.000 infantes y de 3.000 jinetes». Su victoria fue total. Sin embargo, estas combatientes fueron vencidas a la postre también por Hércules.


domingo, 18 de junio de 2017

¿CUÁNDO EMPEZAMOS A VESTIRNOS?

¿CUÁNDO EMPEZAMOS A VESTIRNOS?

Siendo una industria con un valor de US$ 3.000.000,000.000 (3 billones) de dólares americanos anuales, y que ocupa a casi 60 millones de seres humanos, no cabe duda que la ropa es uno de los aspectos más importantes de nuestras vidas.



Desde los taparrabos que aún utilizan algunas tribus en África, Asia y América, pasando por túnicas, faldas, saris, huipiles y hasta los sofisticados vestidos y fracs de occidente, los humanos hemos inventado decenas de maneras de vestirnos.

Para cubrirnos de las inclemencias del tiempo, para demostrar nuestro status social, o por puro pudor, nos encanta ponernos un trapo encima.

La moda es algo reciente, no obstante, y sabemos que nuestros ancestros, hace miles de años, iban totalmente en cueros.

La pregunta obliga, ¿cuándo empezamos a vestirnos?

VESTIRNOS POR NECESIDAD
Desde hace tiempo que creemos que cubrirnos con ropajes surgió de la necesidad de protegernos del frío, y seguramente del Sol.

Los humanos no nacimos con gruesos y resistentes pelajes, probablemente porque nacimos en la cálida África.

Algo de pelo si teníamos, y por alguna razón lo perdimos hace unos 780,000 años.

En algún momento entre esa fecha y el fin de la prehistoria, debimos habernos empezado a vestir.

Hasta no hace mucho no estábamos seguros del cuándo, ahora tenemos una buena idea.

NUEVOS DATOS
Un estudio de la Universidad de Florida publicado en 2011, cree tener la respuesta; el método utilizado seguramente nos parecerá algo extraño, pero tiene sentido... en lugar de buscar restos arqueológicos, que sólo llegan hasta cierto momento en la historia pues la ropa rara vez se conserva, los científicos se fijaron en un compañero no humano: los PIOJOS.

El Dr. David Reed, responsable del Museo de Historia Natural de Florida y director del estudio, sabía que hay 2 tipos de estos bichos, los del pelo y los de la ropa.

Su idea fue secuenciar el ADN de los piojos y así averiguar cuándo los que gustan pasear en las llanuras textiles, se separaron genéticamente de los que se esconden en las junglas de cabellos.

Fue una investigación similar a la que llevó a cabo el PROYECTO GENOMA HUMANO, pero lo dicho, con piojos.



El resultado, que COMENZAMOS A VESTIRNOS HACE UNOS 170,000 AÑOS, pues por aquel entonces los piojos evolucionaron para adaptarse al nuevo entorno de las telas, diferente al del pelo.

El estudio fue posible gracias a que los piojos difícilmente cambian de un linaje de anfitrión a otro.

Esto es, que las familias de los piojos y sus descendientes tienden a quedarse con una misma familia de humanos, y sus descendientes.

Una relación semi-simbiótica pre-histórica entre 2 especies sumamente diferentes. ¡Alimento para el espíritu!.

EL RAZONAMIENTO
He dicho anteriormente que esta teoría tiene sentido, y añado que ha sido bien recibida por los expertos.

La razón, que aproximadamente por aquel entonces se cree que apareció Homo Sapiens, nuestra propia especie, ya sin pelo pero con un gran cerebro.

Además, los cambios climáticos en África de la época, habrían hecho necesaria la invención del cubrirse.

Hasta no hace mucho, se creía que empezamos a vestirnos cuando salimos de África para colonizar el resto del planeta, pero había dudas.



Eso no explicaba las bajas temperaturas que nuestros abuelos seguramente sufrieron en los desiertos y otras zonas del continente.

Cuando salimos, la evidencia arqueológica muestra que el vestido ya había evolucionado algo.

Según los estudios genéticos, nuestra especie surgió hace unos 200,000 años.

20 mil años después, comenzó la penúltima Edad de Hielo, y de acuerdo con los resultados del Dr. Reed, 10 mil años después empezamos a vestirnos, no parece una casualidad.

La primera evidencia que tenemos de ropajes data de hace 100,000 años, pero como decía anteriormente, las telas, al ser un producto orgánico, no resisten bien el paso del tiempo.

Es muy posible que ya existiesen miles de años antes, y que no las hayamos encontrado.

VESTIRNOS NO ES UN CAPRICHO
Desde entonces la ropa no ha dejado de evolucionar, como todo, seguramente la primera moda se basó en pieles, que poco a poco aprendimos a tratar.

Hace unos 35,000 años ya teñíamos telas, como lo demuestran ejemplos encontrados en una cueva en la República de Georgia… donde se hallaron varias estatuillas de mujeres (probablemente dedicadas al culto de la fertilidad), al menos parcialmente vestidas.

Se han encontrado agujas de coser de alrededor de 61,000 años, y los botones más antiguos, en MOHENJO-DARO, que datan de hace 7,000 años.

Para cuando los egipcios construyeron sus primeras pirámides hace 4,000 años, ya eran unos expertos en tejer lino para vestirse, poco después, los chinos estaban fabricando telas de seda.



CONCLUSIONES
Para llegar a las conclusiones del estudio de la Universidad de Florida, han sido necesarios muchos avances en la ciencia.

Hemos tenido que aprender cuándo perdimos el Pelo Corporal; nos hemos visto obligados a conocer el clima que existía hace cientos de milenios; hemos tenido que secuenciar el ADN de los piojos.

Uniendo todo, y considerando otros aspectos, los científicos han podido teorizar en una fecha más exacta el cuándo empezamos a vestirnos.

El por qué, seguramente para protegernos de las inclemencias del tiempo.

Que ahora la vanidad nos haga gastarnos miles de millones al año, es otra cuestión, social seguramente… y de eso pueden hablar los antropólogos.

Hace 170,000 años que empezamos a vestirnos, y claro está, el mismo tiempo desde que nos desvestimos.

Lo curioso de este dato es que lo hayamos averiguado gracias a los Ubicuos y Molestos Piojos.


Moraleja, DE TODO PODEMOS APRENDER ALGO, TODOS LOS DÍAS SIN EXCEPCIÓN.